Mientras disfrutamos de unas merecidas vacaciones, los dejamos con un video que gentilmente nos ha enviado nuestra amiga historiadora Judith Silva desde París
Mientras disfrutamos de unas merecidas vacaciones, los dejamos con un video que gentilmente nos ha enviado nuestra amiga historiadora Judith Silva desde París
→ Deja un ComentarioCategorías: Uncategorized
Cineteca Universidad de Chile busca 21 películas perdidas del cine chileno…tu puedes ayudar a buscarlas!
Si conoces algún amigo que sea familiar de un director, actor o miembro del equipo de una película chilena que se encuentre perdida, o bien tiene filmaciones en tu casa, contáctanos. Esta información puede ser tremendamente valiosa para reconstruir la historia de nuestro cine, del que todos somos parte.
Si tienes películas, guiones, fotografías u otros, puedes contactarte con la Cineteca de la Universidad de Chile, ubicada en Avenida Ignacio Carrera Pinto 1045, Ñuñoa de lunes a viernes entre las 10:00 y 17:00 horas.
Para mayor información se puede escribir al correo cinetecaudechile@gmail.com o comunicarse al teléfono 9787927.
Los títulos:
Ejercicio general de Bombas (1902): Considerada hasta hace algunos años como la primera película chilena, se conocía la existencia de un rollo en Nitrato, actualmente desaparecido.
Uno de abajo de Armando Rojas Castro (1920): Primer largometraje realizado por un pilar de la cinematografía en Chile, posteriormente estudiaría en la UFA y fundaría en la Universidad de Chile el Instituto de Cinematografía Educativa.
Un grito en el Mar de Pedro Sienna (1924): Antes de hacer “El húsar de la muerte”, Sienna realizó la que se considera su mejor película, galardonada incluso en el extranjero. Con los años se salvó una copia que incluso estuvo en la Cineteca de la Universidad de Chile, y que actualmente está desaparecida.
Golondrina de Nicanor de la Sotta (1924): Una de las películas más populares del periodo mudo, fue realizada y protagonizada por uno de los actores de teatro mas reconocidos del periodo.
El buscador de Fortuna de Arcady Boytler (1927): Un cineasta ruso, pionero del cine sonoro en México y posterior colaborador de Sergei Eisenstein, dirigió una película en Antofagasta. Una joya actualmente perdida.
Norte y Sur de Jorge Délano (1934): La primera película parlante del cine chileno. Hasta hace algunos años se rumoreaba su existencia, pero ha sido imposible de localizar copias en 35mm o negativos.
Documentales del Instituto de Cinematografía Educativa ICE: Colección de películas en 16mm pertenecientes a la Universidad de Chile y su departamento de Cinematografía Educativa encabezado por Armando Rojas Castro. Las películas tenían distribución en todo Chile, desconociéndose el paradero de estos documentales de no más de 10 minutos.
15.000 dibujos de Carlos Trupp y Jaime Escudero(1942): Película de animación realizada con muy bajos recursos por dos arquitectos y dibujantes y protagonizada por el “Cóndor Copuchita”, le sería proyectada al mismo Walt Disney en su visita a Chile. Si bien fue un fracaso de taquilla, es un extraño experimento que visto hoy tendría un gran valor histórico.
La chica del Crillón de Jorge Délano “Coke” (1941): La única incursión del maestro Joaquín Edwards Bello en el cine, de la que renegó toda su vida, una joya del cine chileno elogiada en la época y olvidada en el tiempo
Si mis campos hablaran de José Bohr (1947): Con guión de Francisco Coloane basado en los textos de Vicente Pérez Rosales, es uno de los tantos films que realizó Bohr con temática campesina. Actualmente se conservan algunas copias en video pero se desconoce el paradero de copias o negativos.
Confesión al amanecer de Pierre Chenal (1954): Película realizada por el cineasta francés Pierre Chenal y que se estructura sobre tres mitos chilenos.
La Caleta Olvidada de Bruno Gebel (1958): Drama con ligeros tintes neorrealistas, filmada por el italiano Bruno Gebel, compitió por la Palma de Oro en Cannes.
Deja que los perros Ladren de Naúm Kramarenko (1961): Un elenco estelar para el único largometraje producido por Guido Vallejos, creador de “Barrabases”.
Eloy de Humberto Ríos (1968): Primera vez se lleva al cine la obra de Droguett, uno de los narradores más importantes de las letras chilenas. Película realizada por el cineasta Humberto Ríos, además autor de importantes películas en Argentina como “Faena”.
Prontuario de Hernán Garrido (1969): Película sesentera filmada con muy pocos recursos en la cárcel, recreando la vida del “Loco Pepe”, y trabajando con los mismos reos. Una película muy importante que está perdida.
Isla de Pascua y Cuando el pueblo avanza de Jorge di Lauro y Nieves Yankovic. Dos películas documentales de dos cineastas vitales de nuestra historia. La primera es un documental de 1965, largometraje, filmado en la Isla. La segunda, censurada en el periodo de Frei Montalva, es un documental sobre la alianza por el progreso y sus actividades en Chile.
El Fin del Juego de Luis Cornejo (1970): Un emblema anónimo del cine de los setenta, Luis Cornejo, cineasta, escritor, obrero y actor de reparto, realizó este, su único largo, actualmente desaparecido e injustamente olvidado.
Juan Maula de Dunav Kuzmanic (1970): Desconocido en Chile y personaje en Colombia, Kuzmanic realizó la que es su aparentemente única ficción en nuestro país, la que llegó a exhibirse en el Palacio de La Moneda para Salvador Allende.
Frontera sin Ley de Luis Margas (1971): Un extraño film sobre la policía, hecho en la Unidad Popular.
Operación Alfa de Enrique Urteaga(1972): Película de ficción basada en el asesinato de Schneider, actualmente se cuenta con muy pocas referencias de una película del periodo de Allende.
Documentales de la CUT realizados por José Román entre 1971 y 1973: Numerosos títulos de documentales entre 5 y 10 minutos realizados por uno de los cineastas, guionistas y críticos de cine más importantes de los últimos años. Habrían sido quemaos los negativos tras el allanamiento a la CUT realizado por militares tras el golpe de estado. Entre los títulos se cuenta “El desafío”, “El poderoso”, “1° de Mayo”.
La Universidad de Chile anda tras estas películas, que no desaparezcan olvidadas!
A recuperar nuestra memoria!
→ Deja un ComentarioCategorías: Uncategorized
Cineteca Universidad de Chile se suma a las condolencias.
Noticia aparecida en http://www.latercera.com/contenido/1453_220412_9.shtml

Chela Bon
Chela Bon fue lo más cercano a una diva del cine en la naciente industria del cine chileno, en la década del 40, cuando la creación de Chile Films auguraba grandes momentos para el séptimo arte local. Fallecida ayer en Los Angeles (EEUU) a los 79 años, la actriz fue la protagonista de cintas como Romance de medio siglo, La casa está vacía y Si mis campos hablaran.
Nacida como Graciela Bon en Santiago, decidió probar suerte en EEUU en el pináculo de su fama local, y emprendió viaje en 1948. Allá trabajo en pequeños papeles y se unió a la compañía teatral Columbia Work Shop Theatre. Más éxito tuvo en su trabajo como productora, donde en la década del ochenta participó en dos producciones de Roger Corman filmadas en el país y que son una rareza absoluta: Tierra sin ley (1987) y El secreto de la caverna de hielo (1988).
Más interesante fue su labor en el filme La cruz del sur, cinta filmada en Lota y dirigida por James Beckett y que trajo al país en 1998 a Malcolm McDowell. El filme se estrenó en la cartelera local y fue su primer intento por hacer coproducciones en el cine local. En los últimos años, Chela Bon estuvo trabajando en un proyecto basado en la vida de Catalina de los Ríos y Lisperguer, La Quintrala, que tenía guión de Gustavo Frías (Julio comienza en julio), y que en algún momento se anunció que podría ser dirigido por la venezolana Fina Torres (La mujeres arriba).
→ Deja un ComentarioCategorías: Uncategorized
Gabriela González, Periodista Facultad de Artes.
Viernes 22 de enero de 2010
Textos, fotografías y películas:
Gracias al aporte de la investigadora de cine chileno Jacqueline Mouesca la Cineteca de la Universidad de Chile cuenta con material valiosísimo que se encuentra en proceso de catalogación y respaldo.
Si tuviésemos que encontrar referentes entre los investigadores de nuestro país dedicados al cine chileno, sin duda Jacqueline Mouesca encabezaría la lista. Con treinta años de trayectoria dedicada a esta área y buena parte de ellos realizando docencia, la investigadora es parte importante de la historia de la cinematografía local. Entre sus libros se encuentra “Evolución de la crítica de cinematográfica en Chile (1895-1973), “Plano secuencia de la memoria de Chile. Veinticinco años de cine chileno 1960-1985″, “Cine Chileno. Veinte años 1970-1990″, “El cine en Chile”, “Érase una vez el cine”, “Cuentos de Cine” y “El documental chileno”.
Para realizar tales investigaciones Jacqueline Mouesca revisó y recopiló una enorme cantidad de material entre cintas, imágenes y textos. Ahora cuando se encuentra alejada de la docencia e investigación ha decidido donar este material a la Cineteca de la Universidad de Chile que recibió más de doscientas películas, fotografías, catálogos de festivales, tesis y manuscritos.
Entre el material audiovisual donado se encuentran títulos como “Yo soy Cuba” de Mikhail Kalatazov (1964), “La Balandra Isabel llegó esta tarde” de carlos Hugo Christensen (1950), “Dios y el Diablo en la Tierra del Sol” de Glauber Rocha (1964), y la cinta nacional “Tres miradas a la calle” de Naúm Kramarenco, entre otras.
Deshacerse de el material con el que trabajó hace años no fue difícil para la investigadora. “Lo que pasa es que los años llegan y yo creo que voy a cerrar el ciclo. Han sido casi 22 años de investigación y como estoy jubilada y ya no hago clases un día miré mis libros y me pregunté ¿voy a volver a leer este libro? No creo. Prefiero que esos libros, que la mayoría los he traído de otras países, estén disponibles para mucha gente que no tiene acceso a este material pueda conocerlo”, contó Mouesca.
Donar este material ¿es también una forma de incentivar que se siga investigando el cine chileno?
Claro. Yo pienso que en estos últimos veinte años ya han surgido mucha investigación. Hay que pensar en nombres como Alicia Vega y Eliana Jara que son personas que yo admiro mucho y cuyas investigaciones son escenciales. También han ido surgiendo otras escritoras, periodistas que han hecho entrevistas a los directores, en resumen yo creo que estos veinte años han sido bastante prolíficos en investigación y además los jóvenes se han interesado por el cine chileno.
Además de los libros usted que donó películas, parte de su colección personal…
Sí, tenía la casa llena de películas. Eran cintas de todas las épocas que yo fui recolectando con el tiempo o que me mandaban los mismos directores, todo ese material lo doné a la Cineteca de la Universidad de Chile.
¿No le dio nostalgia desprenderse de ese material?
No, a ciertas alturas más vale quedarse con pocas cosas. Además toda esa información yo ya lo tengo bien metida en la cabeza. De seguro que hay mucha gente que puede aprovechar ese material.
Además en la Cineteca le van a dar un cuidado especial para que pueda mantenerse en buenas condiciones…
Claro, eso es lo importante. La Universidad de Chile que es una institución tan tradicional y que yo admiro mucho y que tiene tanta historia por qué no iba a tener historia también en el caso del cine. Además, como tú señalas, en la Cineteca están haciendo un trabajo importante de restauración.
El sub director de la Cineteca, profesor Luis Horta explica el destino del material. “En total suman alrededor de doscientos títulos que comenzarán a clasificarse y catalogarse por personal especializado de la Cineteca con el fin de ser puestos pronto a disposición de los estudiantes de la Universidad de Chile”.
→ Deja un ComentarioCategorías: Uncategorized
PARIS, 11 Ene. (Reuters/EP)

Eric Rohmer

Ma nuit chez maud
→ Deja un ComentarioCategorías: Uncategorized
Cineteca de la Universidad de Chile inició la campaña de búsqueda “21 películas perdidas del cine chileno”, invitando tanto el público en general como a coleccionistas a hacer llegar algún tipo de material.
La tarea de conservación abarca material en 8, 9,5, 16 y 35 mm, de películas realizadas entre 1900 y 1980 así como también fotografías, afiches, guiones o documentos.
Las cintas y los documentos se pueden hacer llegar a las dependencias de la Cineteca, ubicadas en Avenida Ignacio Carrera Pinto 1045 o bien escribir al correo cinetecaudechile@gmail.com o comunicarse al teléfono 9787927.
La información completa en Facultad de Artes Universidad de Chile o en el Blog y grupo Facebook de la Cineteca Universidad de Chile

En 1954 la Universidad realizó una campaña similar, con el objetivo de rescatar el patrimonio audiovisual que de no contar con cuidados mínimos pueden perderse irremediablemente
Boletín Consejo de la Cultura del Gobierno de Chile
El Condor Copuchita, película actualmente perdida
→ Deja un ComentarioCategorías: Uncategorized
Fuente: http://quilapayun.wordpress.com/

Gustavo Becerra
Lamentablemente, sus clases no duraron mucho, porque pronto fue nombrado Agregado Cultural de nuestra Embajada en Alemania y partió a Europa. Fue allí donde volvimos a encontrarnos en alguna de nuestras giras con el Quilapayún durante la época de la Unidad Popular. Cuando, finalmente, en setiembre de 1973 vino el Golpe que nos sorprendió en Francia, una de las primeras personas a las que contactamos, fue a él. Con Gustavo, con los Intis que se encontraban en Italia y con algunos otros amigos esparcidos por el mundo, formamos durante algunas semanas una red de información, a través de la cual compartíamos las noticias que nos llegaban desde Chile. Gustavo fue el centro de las primeras actividades de solidaridad que se organizaron en Alemania y que posteriormente dieron lugar al gran movimiento de solidaridad con Chile que se desarrolló en ese país. Durante esos años visitamos Alemania muchas veces y cada vez que pasábamos cerca de Oldenburg, Gustavo venía a saludarnos. Más de una vez cantamos en la propia Universidad donde él hacía clases y en la que fue siempre reconocido como una verdadera eminencia.
En alguno de esos encuentros surgió la idea de hacer algo juntos. Gustavo tenía pensado pasar un verano en España y cuando pasó por Paris hizo un alto en nuestra Tour de Colombes, donde lo recibimos a él y a su señora, Flor Auth, con el mismo cariño que siempre les manifestábamos. Una noche, justo antes de que partiera, le conté que hace tiempo teníamos el deseo de cantar una fuga y que no habíamos logrado hacer una. “¿Tienes algún texto de García Lorca?” – me preguntó interesado. Y agregó: ”¡Tráemelo!”. Yo, felizmente, tenía en mi casa una pequeña recopilación de poemas del poeta andaluz y se la llevé. A la mañana siguiente, cuando nos estábamos despidiendo me pasó la partitura del “Memento”, obra que hemos cantado después en cientos de recitales. Algo parecido sucedió con la fuga “Revolución”, nacida de una conversación en su casa de Oldenburg, en la que comentábamos el tour de force que sería unir todas las canciones revolucionarias emblemáticas en una sola obra y utilizando una sola palabra. Al otro día, mientras tomábamos desayuno, me pasó la partitura de “Revolución”, fuga mucho más desarrollada, que felizmente grabamos rápidamente y que apareció muchos años después en Chile incluida en el disco “La vida contra la muerte”. Le encantaban estos desafíos, que para él eran fáciles de realizar y disimulaba su satisfacción cuando le expresábamos nuestra admiración.
Era un hombre metódico hasta el extremo, rasgo que probablemente le venía de sus orígenes alemanes. Recuerdo que un día se dio un golpe en la cabeza con una ventana. Un golpe que parecía uno de tantos, pero que trajo sus consecuencias. Un día Gustavo se dio cuenta de que le costaba hacer operaciones aritméticas con ciertos números y llegó hasta identificar exactamente cuáles: por ejemplo, desde el 547, hasta el 735. El médico insistía en que no se preocupara, pero finalmente accedió a hacerle exámenes más profundizados. Se descubrió que en su cerebro había un coágulo y que tenía que ser operado de urgencia. Así se hizo y felizmente el asunto no le trajo mayores consecuencias. Lo sorprendente fue su acuciosidad que lo llevó a determinar exactamente la gravedad de su mal.
Pero nuestros trabajos más ambiciosos fueron las Cantatas “América” y “Allende”. En ambos casos, tuve que ir a visitarlo en Oldenburg con el objeto de precisar algunas cuestiones relativas a las posibilidades instrumentales y vocales del conjunto. Se trataba de obras escritas a medida y era necesario decidir de manera muy precisa quién iba a hacer cada cosa escrita. Así, pude entrar un poco en su intimidad y conocer su curioso modo de trabajar. Tenía tal dominio de la escritura musical, que escribía su obra mientras comentábamos las noticias de la televisión e intercambiábamos impresiones con su mujer sobre la situación chilena. Recuerdo que en el caso de “Allende” le sugerí agregar un piano en la parte final y él, sin dejar de conversar, escribió la partitura de punta a cabo en no más de media hora. Era prodigioso.
Lo divertido es que él sabía trasmitir esta naturalidad de trato con la música escrita a todos los que nos acercábamos a su trabajo. Y eso fue exactamente lo que ocurrió cuando montamos “América”, en el invierno del año 1978, en que él nos llevó la partitura final a Colombes, y nosotros pudimos detener el ritmo desenfrenado de conciertos durante algunos días, para poder trabajar con él. El día del ensayo, nos sentamos en círculo en la escena del teatro de Colombes, que el administrador amablemente nos había prestado, y él nos distribuyó las partes. Hasta ese momento, no habíamos trabajado nunca con partituras, porque entre nosotros había quienes jamás habían hecho estudios de música. Yo iba a comenzar a explicarle esto para que Gustavo no se hiciera demasiadas ilusiones, pero él justo en ese momento dio la partida: “uno, dos, tres…”. Lo que ocurrió fue un verdadero milagro. La música sonó de inmediato y el ensayo tuvo lugar de principio a fin como si todos hubiéramos sido avezados lectores de partituras. Montamos la obra en algunos días y hasta tuvimos tiempo para realizar un seminario sobre música chilena, al que invitamos a Los Jaivas y a todos los músicos nacionales que en ese momento se encontraban en Paris. A partir de ese momento, todo lo que hicimos fue con partituras escritas, lo que aumentó nuestras posibilidades expresivas. Lo que vino después no sería explicable sin este aporte que nos vino de Becerra, quien nos enseñó música con el mismo método que utilizan ciertos profesores de natación, que sin mayores explicaciones empujan a sus desconcertados alumnos directamente a las aguas profundas. Es verdad que en el caso nuestro el pataleo duró bastante poco, porque en muy breve plazo nuestra modalidad de trabajo cambió del cielo a la tierra. Además, aprendimos nuevos recursos musicales, como la politonalidad y la poliritmia, que nunca antes habíamos usado y que son desconocidas en la música popular.
Después vino el “Allende”, con nuevas visitas nuestras a Oldenburg y nuevas venidas de Becerra a Paris. Lo montamos completo y hasta hicimos una grabación no profesional que por el momento se encuentra perdida. Es una obra bellísima, con un final impresionante. Nunca pudimos presentarla en público y se quedó sin grabar, porque en esa época no encontramos los medios para hacerlo. Golpeamos varias puertas, pero lamentablemente ninguna de ellas se abrió. He sabido que algunos jóvenes músicos se han estado interesando en ella y tal vez algún día se haga por fin una presentación de este trabajo. Sería un hermoso homenaje a dos hombres que desde sus vidas respectivas, uno desde la música y el otro desde la política, le entregaron un hermoso presente a Chile.
Una de las experiencias más cercanas la vivimos cuando ambos fuimos invitados al famoso Foro sobre la Cultura Chilena que tuvo lugar en Torum, Polonia, en mayo de 1979, el mismo donde conocí a Matta. Nos tocó compartir la habitación del Hotel y como en ese preciso momento estaba ocurriendo el encontronazo que varios artistas empezamos a tener con los dirigentes comunistas, esa fue la feliz ocasión de discutir en profundidad nuestras ideas al respecto. Ambos compartíamos la crítica al stalinismo y ambos estábamos molestos con la actitud bastante doble de Volodia Teitelboim al respecto, que por un lado aparecía como el gestor de estas acciones culturales de solidaridad con Chile, pero por otro alentaba una línea dura dentro del Partido. El término de ese Foro fue muy desagradable para nosotros, porque a pesar de que le habíamos advertido a los organizadores que teníamos compromisos que nos obligaban a partir en un determinado día, ellos se desentendieron de nuestro problema y no hicieron las reservas necesarias. Nos enfrentamos con la burocracia polaca y finalmente logramos pasajes en tren hasta Berlín y desde ahí en avión hacia nuestros destinos finales. Tuvimos que hacer el viaje en tren, parados, porque no había asientos, lo que nos permitió largas horas de conversación sobre los problemas del “socialismo real” que, tal como se estaba presentando, no nos gustaba nada. Gustavo fue tan crítico de las dirigencias comunistas como nosotros, aunque sus posicionamientos no fueron muy difundidos. Su sentido de la libertad y su feliz experiencia en la Universidad de Oldenburg, que fue la institución que con mayor justicia reconoció sus méritos como profesor y como compositor, lo apartaban de todas estas visiones dogmáticas que tanto daño hicieron al movimiento popular chileno.
Después de todo esto, vino el término del exilio y poco nos encontramos. Solo una vez, en la que él visitó Chile y en la que hablamos más de nuestras vidas que de nuestros proyectos musicales. En lo personal, fue un gran amigo, cercano, considerado, responsable y generoso. Como músico, creo que dejará una huella decisiva en la música chilena. Sus alumnos son todos grandes músicos de nuestra época, Sergio Ortega, Luis Advis, Cirilo Vila, Fernando García, Miguel Letelier, entre otros. Su catálogo de obras es impresionante y la mayor parte de ella nunca ha sido presentada en Chile. Ella incluye música sinfónica, conciertos para diversos instrumentos, oratorios, cantatas, música de cámara, canciones, obras electroacústicas y un sin fin de cosas más. Tal vez ahora con su muerte, las instituciones nacionales puedan hacerle justicia. Es cierto que muy joven, en 1971, se le otorgó el Premio Nacional de Arte, pero el verdadero reconocimiento de un compositor viene del conocimiento y de la difusión de su obra.
Lo veo mirándome fijamente detrás de sus anteojos, siempre serio, expresándome su preocupación por lo que pasaba en Chile, contándome alguna anécdota de sus relaciones con Neruda o hablándome del éxito de alguna de sus obras sin la menor arrogancia, como si se tratara de la cosa más natural del mundo. Parece que su enfermedad fue lenta y dolorosa. Sé que la llevó con la serenidad del hombre sabio que siempre él fue. Su historia se cruzó un momento con la nuestra y de ese cruce quedaron en nuestra alma destellos de luz que difícilmente se apagarán. Aunque nuestro arte haya agregado solo un granito de arena a la grandeza de su obra, eso nos llenará siempre el corazón de orgullo, de alegría y de gratitud. Por eso es con cariño y admiración que hoy día lo despedimos. Amigo Gustavo: como es el caso de todo gran artista, tu obra sobrevivirá a tu paso por la tierra. Esa es la única eternidad a la que aspirabas. Dejas nueva belleza en este mundo que abandonas. Fuiste profundamente solidario con los dolores de tu pueblo. Eso justifica ampliamente tu vida. Nosotros no te olvidaremos y esperamos que el resto de los chilenos tampoco. Hasta siempre.
→ Deja un ComentarioCategorías: Uncategorized
A los 84 años murió este domingo 3 de enero el compositor chileno Gustavo Becerra-Schmidt, uno de los nombres más destacados en la música contemporánea en nuestro país. Según una información anunciada hoy por el portal Emol, su deceso se produjo en la madrugada en la ciudad alemana de Oldenburg, donde Becerra vivía desde 1973.
Gustavo Becerra (Premio Nacional de Arte en 1971) creó la música para importantes documentales chilenos de los años sesenta y setenta como “Días de Organillo” (Sergio Bravo 1959), “Energía Gris” (Fernando Balmaceda, 1960), “La respuesta” (Leopoldo Castedo, 1961), “Láminas de Almahue” (Sergio Bravo, 1961), “A Valparaíso” (Joris Ivens, 1963), “Aquí Vivieron” (Pedro Chaskel y Héctor Ríos, 1964) y “Aborto” (Pedro Chaskel, 1965) además de los importantes largometrajes de ficción “Érase un niño, un guerrillero y un caballo” (Helvio Soto, 1967) y “Valparaíso Mi amor” (Aldo Francia, 1969). Algunas de estas composiciones hoy son albergadas en la Cineteca de la Universidad de Chile.
Caracterizado por la mezcla entre música docta, música popular y música incidental para cine, su aporte a la musica nacional fue infinito, siendo reconocido con el Premio Nacional en 1971.
Compositor, musicólogo, académico y diplomático, Gustavo Becerra es autor de una prolífica obra inscrita en el repertorio del último siglo en Chile. Con una carrera realizada tanto en su país como en el extranjero, fue además literalmente un maestro de maestros, como formador de los compositores Carlos Botto, Cirilo Vila, Gabriel Brnčić, Fernando García, Luis Advis y Sergio Ortega, entre otros. Fuertemente vinculado a la Universidad de Chile, se desempeñó como académico de dicha institución hasta que fue exonerado por las nuevas autoridades asignadas por la dictadura en 1973.
Gustavo Becerra ejercería entre 1968 y 1970 la secretaría de la Facultad de Ciencias y Artes Musicales de la Universidad de Chile, y luego oficia como Agregado Cultural de la Embajador de Chile en Bonn.
En 1970 estrena junto a Sergio Ortega una musicalización para “Canto General” de Pablo Neruda. Tras el golpe de estado, Becerra parte al exilio en Alemania y crea la primera obra en el exilio “Corvalán” de 1974. Posteriormente realiza “Estructura Cuadridimensional” que mezclaba filmaciones con música.
Parte de su repertorio llegó también a la música popular, con obras como “Memento” incoporadas al repertorio de Quilapayún, y en 2008 demostró su inquietud con la publicación de gran parte de su obra electroacústica por medio del sello en Internet o netlabel Pueblo Nuevo.
Cineteca Universidad de Chile se suma a las condolencias tras la partida de un maestro de la música nacional.
http://www.pueblonuevo.cl/
http://www.pueblonuevo.cl/obra-electroacustica.htm
http://www.musicapopular.cl/3.0/index2.php?action=Tm90aWNpYURF&var=NDYx
http://cineundergroundchileno.blogspot.com/2007/07/gustavo-becerra-y-sergio-ortega-msicos.html
→ 1 comentarioCategorías: Uncategorized

Pedro Chaskel, director de la Cineteca, dijo que “este día es especial para nostros, ya que es la primera vez que la Cineteca celebra este aniversario”.
En la ceremonia se reconoció a las a las investigadoras Eliana Jara, Jacqueline Mouesca y Alicia Vega.
La actividad estuvo marcada por la entrega de un reconocimiento –que será concedido en cada conmemoración del Día del Cine Chileno- y que este año recayó en tres destacadas “mujeres del cine”: Jacqueline Moesca, Alicia Vega y Eliana Jara.
La Cineteca de la Universidad de Chile -actualmente cotutelada por el Instituto de la Comunicación e Imagen y la Facultad de Artes-, celebró el Día del Cine Chileno el pasado lunes 30 de noviembre con el fin de recuperar la fecha original destinada a la conmemoración, la cual fue instaurada en los años 90 para recordar a los realizadores Carmen Bueno y Jorge Müller, detenidos un 29 de noviembre de 1974.
“La Cineteca de la Universidad de Chile quiere recuperar la iniciativa original de conmemorar este día para que el recuerdo de los cineastas desaparecidos sea un incentivo que permita seguir construyendo el cine chileno del futuro”, fueron parte de las palabras con las que Estefanía Etcheverría, periodista de la Facultad de Artes y presentadora en la actividad, abrió la ceremonia.
Por su parte, el Director de la Cineteca de Universidad de Chile, Pedro Chaskel, comentó que “este día es especial para nosotros, ya que es la primera vez que la Cineteca celebra este aniversario y esperamos -por tanto- que todos los años se repita”.
El prof. Chaskel además pidió recordar la figura de Jorge Müller como cineasta y joven comprometido y entusiasmado con el oficio de hacer cine y recalcó la importancia de proyectar su recuerdo al presente “para que su labor sirva de ejemplo, especialmente a los jóvenes”.
En la ocasión, en la cual se exhibió la película “La expropiación” del cineasta Raúl Ruiz, también se otorgó un reconocimiento a las investigadoras Eliana Jara, Jacqueline Mouesca y Alicia Vega, por su aporte a la memoria del cine chileno. Dicho reconocimiento será entregado cada 29 de noviembre de ahora en adelante a personalidades que representen los valores del rescate patrimonial del audiovisual en el país.
“Me siento muy honrada de recibir este premio por parte de la Cineteca de la Universidad de Chile, organismo pionero en el género en nuestro país y vanguardia en la preocupación de las problemáticas del cine, abierta al debate y a un cine que no teme demostrar sus signos de identidad”, comentó Jacqueline Mouesca.
Asimismo, Eliana Jara calificó el reconocimiento como muy significativo y agradeció a Jacqueline Mouesca por el impulso que dio a su carrera al incentivarla a postular su tesis sobre cine mudo al FONDART, la cual fue publicada en un libro.
Además, durante la conmemoración se regaló al padre de Jorge Müller una colección de películas fotografiadas por su hijo, gesto que agradeció enormemente y calificó como muy importante.
Gina Norambuena M.
www.icei.uchile.cl
→ Deja un ComentarioCategorías: Uncategorized