ALGUNAS REFLEXIONES A PROPÓSITO DE LA RECEPCIÓN DEL PREMIO A LA TRAYECTORIA PEDRO SIENNA.

Discurso de Pedro Chaskel leído en la entrega del premio Pedro Sienna a la trayectoria 2009

Amigos todos,

Permítanme empezar con una reflexión a nivel personal :

Vengo de una familia judía establecida en Alemania durante varias generaciones. Presencié durante el año 1939 como mis padres buscaban desesperadamente un país que les diera visa para emigrar del infierno que se nos venía encima. Finalmente obtuvieron la visa de un país llamado Chile. Sé que si este país no nos hubiera acogido hoy, yo no estaría con Uds…. simplemente no estaría mas.

Ante esta salvadora acogida para mi y mi familia, siempre he sentido una deuda pendiente con éste, que hace ya 70 años, es definitivamente mi país.

Si miro hacia atrás me encuentro además con que pude estudiar gratuitamente en la secundaria y en la universidad… sin lo cual tampoco estaría aquí ante ustedes…

Por otra parte, si la estatal Universidad de Chile no hubiera asumido, gracias a la acción visionaria de su Secretario general Alvaro Bunster, el apoyo material y económico al renaciente cine documental, me refiero al Centro de Cine Experimental de Sergio Bravo primero, al Depto. de Cine después y a la creación de la Cineteca Universitaria, (la misma que ahora estamos re-fundando en nuestra Universidad), pues es muy probable que tampoco habría llegado hasta aquí.

No puedo dejar de mencionar los conocimientos recogidos durante mi iniciación a la realización cinematográfica con Naum Kramareco, la enriquecedora colaboración con Sergio Bravo y posteriormente con Patricio Guzmán, y la gran experiencia de participar en la serie “Al sur del Mundo” con Francisco Gedda.

Pero sobre todo y muy especialmente, a la participante en casi todos mis documentales, a su permanente apoyo crítico, su valioso aporte creador, su respaldo como investigadora, entrevistadora y a veces hasta locutora, me refiero a Fedora Robles, mi compañera chilena desde el principio en esta aventura del cine y madre de mis hijos.

Sin todos ellos no sé si hubiera logrado llegar hasta aquí.

Y por último, -y no es lo menos importante- también están los fructíferos 10 años que permanecí realizando documentales en Cuba, gracias a la generosidad del ICAIC y del pueblo de ese país.

Sin embargo tengo claro que mi compromiso principal es con la deuda que tengo aquí.

Es por todo esto que les agradezco especialmente el reconocimiento que se me otorga hoy, pues me indica que a lo largo de todos estos años y con lo que he podido aportar, he pagado por lo menos una parte importante de esta deuda.

Ahora que mi trabajo principal es la docencia y he llegado a cierta edad (que es por lo demás la que permite este premio) quisiera hacer algunas reflexiones de viejo profesor destinadas a los mas (o menos) jóvenes que me quieran oír :

Ya saben que lo mío es el documental. Y el documental tiene que ver con la realidad y con la verdad. Es de ella que surge nuestra inspiración y es hasta aquella que aspiramos llegar.

¿Qué les puedo decir?

Cuando digo que de la realidad nos viene la inspiración me refiero a las vivencias, a las emociones, al descubrimiento, la denuncia, el entusiasmo, la admiración, el rechazo, la indignación…

Ello se logra, en la mayoría de los casos, por medio de la curiosidad, de la observación, la investigación. el conocimiento en profundidad…

Es a partir de todo esto que nos podemos acercar a la verdad, a nuestra verdad, a la que cada uno considera honestamente su verdad.

Y esta verdad tiene que ver con develar lo que hay más allá de la realidad inmediata. La mirada del documentalista puede develarnos incluso aspectos terribles sin perder su calidad poética (Noche y Niebla).

Para lograr esa mirada es necesario que a la vez de respetar la realidad, nos apropiemos de ella, nos sintamos parte de ella.

Yo diría que en el proceso creativo del documental, se enfrentan dos mundos, el mundo exterior a nosotros, y el mundo interior nuestro (porque cada uno de nosotros es también un mundo). De lo que se trata en este proceso es de establecer las relaciones mas estrechas entre ambos, de lograr una empatía, una resonancia, de ponerlos en una intensa relación de amor, o muchas veces de odio, no importa cual de los dos, lo importante es la relación, la resonancia.

Pienso que a partir de todo esto, sumado a la sensibilidad del autor, se irán conformando buena parte de los medios de expresión a emplear, el punto de vista de cada cual, en definitiva el estilo personal del documentalista. Esto no es fácil, ocasionalmente se da como una flechazo, como una iluminación, pero la mas de las veces es una lucha larga, permanente y encarnizada, y en mas de una ocasión recién termina en la mesa de montaje, pero es necesario y vale la pena darla para lograr la libertad y la lucidez necesaria para convertir el documental en una expresión artística.

En este contexto de la libertad de la expresión artística quisiera agregar otra reflexión:

Lo único que le está definitivamente prohibido a un documentalista es mentir conscientemente. Puede haber equivocaciones, errores, pero no mentiras, aunque sean en función de la mas exquisita elaboración estética.

Cuando se muestra un documental al público, hay un compromiso implícito de que lo que verán efectivamente ha pasado, que es cierto, que no está tergiversado o manipulado.

Obviamente siempre hay una interpretación de la representación de la realidad que manejamos, pero la honestidad con ella y consigo mismo sí es algo indispensable.

Antiguamente cuando se veía en la pantalla una toma, se podía tener la seguridad que el registro de la cámara correspondía a lo que pasaba frente a ella. Hoy día, con las herramientas electrónicas, todas las alteraciones son posibles, el valor testimonial de la imagen filmada ya no existe. Y entonces lo único que nos queda es la honestidad.

Joris Ivens planteaba durante una entrevista en 1965, es decir hace más de 40 años atrás:

“Nuestras posibilidades técnica hoy día han crecido enormemente. Durante los años 30, cuando tratábamos de mostrar la realidad y la verdad, nuestra honestidad e integridad eran idénticas a las de los documentalistas del presente. Mi generación usaba luces y cámaras de fácil manejo, pero ahora la técnica -gracias al sonido sincrónico y las películas de altas sensibilidades que hacen las luces innecesarias- permite aún mayor espontaneidad. Pero no necesariamente por eso una mayor verdad del material filmado. Pienso que con un autor responsable la espontaneidad del material es solo un elemento de la verdad fundamental de la obra. (Fin de la cita).

La relación entre el deslumbrante avance tecnológico actual y: “La verdad fundamental de la obra” que menciona Ivens es un tema como para que nos quedemos pensando…

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Acerca de Cineteca Universidad de Chile

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