DIARIO DE VALDIVIA 1: Maletas, mariscos, discursos

Escrito por Gonzalo Maza en www.analizame.cl

A la vuelta tuvimos que correr para llegar a la inauguración, que fue en el Aula Magna (con prístino proyector 2K) y con presentación de “La maleta”, un proyecto que se nos ocurrió en el festival en mayo de este año y que tuvo su coronación en la noche del viernes: agarrar esos negativos que tenían Luis Horta y Pedro Chaskel en la Cineteca de la Universidad de Chile, convencer a Ruiz de que era una buena idea terminarla, conseguirse la plata -gestión de parte del festival- para hacerlo, hacer transfer en Chile Films, etc. Yo no había visto nada del resultado final de la reconstrucción: solo 40 minutos de transfers inentendibles.

Ruiz agarró el material, lo editó con Inti Briones en un Mac, sentado en un sillón de su casa, y luego le agregó ruidos guturales (tipo “Mr. Bean”, como comentábamos con Adrian Martin a la salida de la función) y aplausos más alguna música “reciclada” de Arriagada. El resultado, ya desde la perspectiva crítica, es un hallazgo porque confirma que desde el primer minuto Ruiz fue un cineasta buscando un choque de elementos formales (hay una secuencia media de ciencia ficción, con el tipo que está dentro de la maleta del título con unos tubos plásticos saliéndole de la nariz) y experimentando con la dimensión del plano (como un plano secuencia al interior de un ascensor, en el que la cámara da vueltas sobre su eje para captar varias veces distintas los rostros de los dos pasajeros que viajan, y para lo cual -me da la impresión- los actores cambian de lugar mientras la cámara da vueltas…), eso sin contar la inauguración de una constante obsesión ruiziana: los espejos, montones de espejos en las paredes de las piezas, en los baños, en el mismo ascensor.

El estreno mundial de “La maleta” es, claro, parte del programa especial “De Raúl a Raoul: el cine de Raúl Ruiz antes del exilio” que se exhibe en el cine club de la Universidad Austral a las siete de la tarde (y que viene siempre después -en magnífico programa doble- de la imperdible retro de Robert Bresson en la misma sala). Ayer sábado dimos “Nadie dijo nada” (que ya he visto tantas veces que es ciertamente mi película favorita de Ruiz de esta etapa chilena, tan chistosa, tan llena de ideas refrescantes y buenas actuaciones que nunca más volvimos a ver en el cine chileno, ni siquiera con los mismos actores -Vadell, Alarcón, Villagra-), y la copia era ligeramente distinta de ese VHS que daba vueltas por Santiago desde hace un par de años: con créditos iniciales completos, escenas enteras que no estaban en esa misma versión (como parte de la llegada de un carrete a la casa) y el mismo mal audio, aunque con subtítulos en italiano (en adelante, supongo, solo se aceptarán subtítulos en español, porque estos diálogos imperdibles no puede quedarse fuera de la experiencia de ver la película). Por cierto, hay un plan para “repatriar” algunas de estas copias (obtenidas de España, Bégica, Italia, Inglaterra) y en el que está metido la Cineteca Nacional. Un verdadero deber, si me preguntan.

 

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Acerca de Cineteca Universidad de Chile

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